Salir a bailar salsa

Salir a bailar es muy divertido, por más que siempre haya majarones en la pista de baile.
Ventajas e inconvenientes de salir a bailar

Lo he vuelto a hacer. Otra vez me he quedado en casa sin salir a bailar salsa.

Sé que está mal y que no debería caer una y otra vez en esta actitud tan antisocial.

Pero era domingo por la tarde, en la calle hacía frío y el viento cortaba el aire como una cimitarra árabe del siglo XVII.

Tenía que levantarme del sofá, desenredarme de la manta, quitarme la bata, desnudarme, ducharme, y vestirme para la ocasión. La novela que estaba leyendo, “DIME QUIÉN SOY” se ponía la mar de interesante.

Para ir a bailar tengo que hacer todo eso y además coger el coche hasta una población cercana.

Luego imagino mi llegada al bar, como siempre.

Hay un montón de gente, muchos ya conocidos. Y un puñado de compañeros de clase. En cuanto me ubico, me dicen que deje la chaqueta por ahí.

Llega el primer momento difícil de la noche. Cuando me quito la chaqueta se vuelven a mirarme porque voy “vestida” en ropa interior, y por toda falda llevo un pareo muy transparente. Empiezan las risitas y los comentarios tontos de siempre: que si no tengo frío, que si para eso ven desnuda, que si aquí también vienes vestida así…

Soy una persona extremadamente tímida, aunque nadie lo crea.

Mirar a mi alrededor y comprobar que hay más de diez personas mirándome con curiosidad me inquieta un montón y me hace sentir mal, insegura.

Por eso siempre evito mirarles y me concentro en mirar a las parejas que están bailando en la pista.

El segundo momento complicado de la noche es cuando algunos conocidos cruzan el bar para venir a saludarme, señalarme con el dedo y reírse de mi vestimenta. O pedirme una foto. En esos momentos sólo pienso “tierra, trágame”.

El tercer momento terrible es cuando llega el despistado o despistada de turno que, sin conocerme de nada, me pregunta muy serio que cuándo voy a hacer el show.

Y dale con el show.

Qué manía tenéis todos con el show.

Mira, que no, que yo no voy a hacer ningún show. Yo es que me visto así.

Cuando lo entienden se quedan pálidos y no aciertan a darme ninguna respuesta, así que me voy a otro sitio y los dejo allí cavilando: Dios mío –pensarán- no va a hacer un show, es que ella se viste así para ir a bailar, qué horror…

Por eso he vuelto a hacerlo: me he quedado en casa en lugar de salir a bailar salsa.

Cuando pienso que eso es lo que me espera toda la noche, no logro vencer la barrera de la comodidad, y la fuerza magnética del sofá y la manta me vencen.

Mi amigo Monotonía dice que cuando quiera vencer mi timidez en esos momentos en que estoy en un lugar público, piense que todos los demás que me miran están desnudos…

Pero lo he intentado algunas veces y la verdad, no funciona.

Esto es algo que tengo que superar yo solita.

A veces no sé qué voy a hacer conmigo.

Bailar es mi pasión, y disfruto tanto cuando me sacan que el mundo me parece increíblemente perfecto en malaga salsa en esos instantes.

Podría ir a bailar, estaréis pensando, vestida como todo el mundo.

Pues no, no pienso hacerlo. Eso sería asumir mi derrota. La gente habría ganado.  Y si a mí me gusta vestir así, o salgo vestida a mi gusto, o me quedo en casa. No puedo ceder en ese aspecto o empezaré a desmoronarme, como una castillo de naipes o una inmensa hilera de fichas de dominó…

Autor: Vanesa.

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